Fuchsia magellanica (chilco o fucsia) es un arbusto siempre verde de 2 a 4 metros de altura, nativo de Sudamérica (Chile y Argentina), al igual que dos de sus polinizadores más importantes, Sephanoides sephaniodes (colibrí o picaflor chico) y Bombus dahlbomii (abejorro colorado o moscardón).
Catalogado En Peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), Bombus dahlbomii, el único abejorro nativo de los bosque subantárticos, ha desaparecido del 80% del territorio que habitaba en Chile hace 20 años, debido a la fragmentación de su hábitat, contaminación por pesticidas, cambio climático y las interacciones con congéneres introducidos.
La introducción de Bombus terrestris (abejorro europeo), en los años 90s, con el fin de aumentar la polinización de cultivos, es una situación común a nivel mundial que ha traído lamentables impactos ecológicos.
Uno de los impactos ocasionados por este invasor biológico es el robo de néctar, afectando las interacciones simbióticas entre flora y fauna nativa.
A diferencia de los polinizadores, Bombus terrestris accede al néctar rompiendo el cáliz de la flor, no brindando el servicio de polinización. Además, al dejar las flores dañadas y disminuir la producción de néctar, los polinizadores reducen sus visitas. Esto afectaría el éxito reproductivo de Fuchsia magellanica, provocando una disminución en su abundancia.
Fuchsia magellanica, junto a sus polinizadores han desarrollado adaptaciones coevolutivas durante millones de años. Sin embargo, Bombus terrestris ha comenzado a ejercer nuevas presiones selectivas sobre los fenotipos florales durante las últimas décadas, iniciando probablemente una interrupción de dicha coevolución.
