



La primera primavera que pase en este jardín, se lleno de amapolas, surgieron vehementes entre las piedras, con sus traslucidos pétalos violeta, sedosos, no podía dejar de mirarlas, así que las pinté, sin imaginar lo urgente que era inmortalizarlas con mi pincel.
Junto al chincol, seguimos esperando cada septiembre para verlas aparecer. Después de cinco años, seguimos esperando.
